Ensayo sobre Gobierno Nacional y Gobierno Municipal
Ensayo
sobre Desarrollo del Gobierno Nacional y Municipal en los últimos dos períodos
en Costa Rica
En
Costa Rica, los dos últimos períodos de administración del país han sido un
poco convulsos. Tradicionalmente, han existido dos partidos políticos: el
Partido Liberación Nacional (PLN) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC),
los cuales gobernaron el país por más de 30 años de manera consecutiva.
En el
año 2014, en la búsqueda de “un cambio”, los y las costarricenses decidieron en
elecciones populares, que fuera el Partido Acción Ciudadana (PAC) quién
gobernara el país, durante 2014-2018, el cambio no fue tal como lo esperaba la
ciudadanía y a pesar de la disconformidad sobre la administración de ese
período, el PAC volvió a gobernar en el
período 2018-2022.
Basado
en el artículo 9 de la Constitución Política del país dónde indica que el
“Gobierno de la República es popular, representativo, alternativo y responsable”,
la administración 2014-2018 enfatizó en que su administración estaría basad en
dar un verdadero protagonismo a la ciudadanía. Dicha administración se enfocó en
desentrabar proyectos de infraestructura de obra pública como puentes,
carreteras para mejorar la movilización a nivel país, en la defensa de los
derechos de los animales y de las personas LGTBIQ+, políticas para mejorar la
recaudación de impuestos, así como
hacerle frente a situación de reactivación económica y la reconstrucción de comunidades
en temas como carreteras, acueductos, electricidad, escuelas, viviendas,
albergues, etc. producto de los desastres ocurridos por el Huracán Otto.
La
administración 2014-2018 estuvo basada en populismo ya que, había una presión
de no “desilusionar” a la población que le eligió pensando en un cambio y en un
debilitamiento de acciones de corrupción, esto le demandaba la necesidad de
simpatizar con la ciudadanía. Sin embargo, contrariamente, su administración no
logró acercar a actores, ni articular sectores, lo que generó roces entre la
población misma y entre la población y la institucionalidad.
Implementó
programas de asistencia social para apoyar económicamente a familias de escasos
recursos e intentó articular acciones entre las instituciones públicas
dirigidas a canalizar esfuerzos hacia dicha población, sin embargo, esto fortaleció
el asistencialismo en la población, ya que estaba enfocados únicamente en dar
subsidios a las familias.
Sus
acciones siempre fueron decisiones dadas desde las jerarquías institucionales,
desde los niveles de decisión política por lo que, el protagonismo ciudadano no
fue tal cual se enunciaba en la campaña. Un de las principales quejas hacia
dicha administración, es que sus acciones hicieron incrementar el gasto público.
En la administración
2018-2022, aunque cambiaron las personas, el partido fue el mismo, por lo que
le dio continuidad a proyectos ya iniciados en la administración anterior,
principalmente de obra pública y se enfocó en plantear políticas de índole sanitaria
para la atención de la pandemia por COVID-19 así como esfuerzos de reactivación
económica.
Dicha
administración ha orientada en proponer proyectos de ley para fortalecer las
finanzas públicas, el tema que principalmente ha causado diferencias entre
sectores, entre la institucionalidad y la ciudadanía, entre Poderes de la
República por intereses particulares de cada uno de los actores.
Para
esta última administración hubo un doble reto, no solo resolver temas
históricos del país en cuándo al tema de la economía y los recursos públicos,
sino a la crisis en diversos sectores producto de la pandemia y al igual que la
administración anterior, ha demostrado dificultad para entablar una comunicación
asertiva y un acercamiento real con la ciudadanía.
Por su
parte, el artículo 169 de la Constitución Política indica que “la
administración de los intereses y servicios locales en cada cantón estará a cargo
del Gobierno Municipal” instancias cuyo presupuesto depende de los pagos de los
contribuyentes, es decir el pago que realiza la ciudadanía de los servicios que
ofrece la institución y los impuestos de bienes inmuebles de las propiedades.
El
Gobierno local, en este caso me voy a referir a la Municipalidad del cantón de
Montes de Oca, de la provincia de San José, su administración ha estado en
manos del mismo alcalde por dos periodos consecutivos, una administración que
se ha preocupado más por ajustes de la estructura interna de la institución que
por los aportes que pueda generar en el territorio.
Ha
realizado algunos intentos de mejoramiento de infraestructura en el territorio,
sin embargo, denota que no son inversiones públicas sostenibles porque se
percibe que su objetivo único es la construcción de obra, como por ejemplo
aceras, colocación de cámaras para la seguridad, sembradío de plantas en las
áreas públicas, siendo que, en el corto tiempo, el deterioro de estas es
evidente por su falta de mantenimiento.
En el
artículo 18 de la Constitución Política se menciona que “los costarricenses
deben observar la Constitución y las leyes, servir a la Patria, defenderla y
contribuir con gastos públicos”, comparando lo establecido en este artículo, con
lo que se vive en la realidad, podría decir que hay algunos elementos que aún
faltan para que esto realmente pueda gestionarse.
Por un
lado, me parece que las administraciones, tanto del Gobierno Central como del Gobierno
Municipal les falta realmente pensar más allá de gobernar y pensar en la
gobernanza. Aún se sigue gobernando desde un enfoque unidireccional, dónde las
decisiones que se toman son desde el escritorio, siendo propuestas meramente
jerárquicas y no necesariamente partiendo de procesos de diálogo con los
diferentes actores del territorio.
Es
posible ver la falta de planificación no sólo en materia de ordenamiento
territorial, sino en cuanto a la inversión de recursos públicos tanto del
gobierno central como de los gobiernos locales, falta la visión de objetivos
país al momento de realizar inversión pública, que permita articular los
esfuerzos para la generación de verdaderos impactos en el territorio.
Sigue
existiendo en la forma de gobernar la preocupación por la cantidad de obra
física construida y no por la calidad de esta, y cuándo hablo de calidad, me
refiero a planificar, dar seguimiento y evaluar que la inversión esté
contribuyendo a la satisfacción en las dinámicas territoriales.
Las
personas que han formado parte de las dos últimas administraciones, bajo esa
“presión” del cambio requerido por la ciudadanía, han utilizado en la retórica
mensajes de llamado a la acción, a la participación en los procesos de
construcción de política pública, sin embargo, la institucionalidad es débil en
cuando a mecanismos de participación ciudadana, los espacios de diálogo con la
ciudadanía no son parte de las prácticas planificadas y con financiamiento para
las instituciones.
A
pesar de que la participación ciudadana es un derecho establecido desde la Constitución
Política, no se hace verdaderamente partícipe a las personas en la construcción
de herramientas de política pública y en seguimiento de éstas.Esto demanda una
comunicación más directa, transparente, inclusiva entre la institucionalidad y
la población.
Cabe
destacar que muchas veces es una interpretación a conveniencia de lo que puede
implicar la participación ciudadana, ya que muchas instituciones pueden
justificar que cumplen con dicho enfoque de administración a partir acciones
puntuales como la colocación de un buzón de sugerencias, la creación de una
oficina de contraloría de servicios, departamentos de promoción social,
informes de rendición de cuentas, uso de redes sociales, sin embargo, se
convierten en medios para quejas y denuncias o para hacer a la población simple
depositaria de información.
Los
mecanismos de comunicación también se vuelven importantes para la
institucionalidad, para generar confianza en su quehacer, para que la población
tenga conocimiento sobre en qué se invierten los recursos públicos, para que
motive a la población a ser responsable con los aportes económicos que les
corresponde, pero también que permita impulsar el fortalecimiento del capital
social y de los recursos existentes en el territorio.
No
todo el accionar de los gobiernos debe ser obra física, sino aportar recursos
intangibles en la población, que les permita también generar capacidades de
autogestión y asumir la responsabilidad de desarrollar el territorio. El
liderazgo territorial es un vacío notable, porque el rol paternalista de Estado
aún es predominante.
El tratamiento
de la pandemia, a pesar de ser una situación desconocida no solo nacional sino
internacionalmente, permitió al gobierno nacional y local improvisar, innovar, en
distintos ámbitos de política pública, por ejemplo en medidas sanitarias,
regulación del comercio, la movilización, uso de espacios públicos,
otorgamiento de subsidios, prácticas culturales, medidas educativas, muchas de
ellas que posiblemente dejarán de ser temporales y se convertirán en acciones
permanentes porque dieron impacto positivo al país.
Por su
parte, las dinámicas territoriales, las organizaciones locales también
experimentaron improvisación e innovación, generando nuevas fuentes de ingreso,
nuevas formas de relaciones familiares, nuevas redes locales, usos diferentes
de la vivienda y de los espacios públicos, formas distintas de interactuar, de
recreación y ocio. Nuevas prácticas que deberían ser de valoración por parte de
los gobiernos locales para apoyar en el fortalecimiento de aquellas buenas
prácticas que podrían quedarse en permanencia en el territorio.
En
Costa Rica, actualmente estamos en el período de cambio de la persona que
asumirá la presidencia de la República, y tendrá grandes retos económicos,
ambientales, políticos, pero además sociales. Uno de los restos principales es
como generar verdaderos procesos de gobernanza, cómo promover la
co-construcción, la responsabilidad compartida entre personas, organizaciones
locales, sectores para articular las acciones hacia objetivos país.
Es un
reto porque la pandemia vino a marcar un antes y un después y se requiere hacer
una evaluación exhaustiva de lo acontecido y las nuevas transformaciones
territoriales para tomar decisiones asertivas, y los gobiernos locales deberían
trabajar de manera articulada con el gobierno central.
Otro
reto que tendrá la nueva administración será la forma en que quedará conformada
la Asamblea Legislativa, la cuál está fragmentada en representación de
diferentes partidos políticos, ya que para las elecciones hubo 25 candidatos y
candidatas presidenciales. Esa fragmentación hace que los diversos intereses
partidarios puedan obstaculizar la aprobación de proyectos de ley que fuesen
importantes para el país.
Lo
anterior, porque aún falta conciencia en las figuras partidarias, que se gobierna
para la población y que debe hacerse con la población y no para complacer
intereses particulares.
A
pesar de que existen mecanismos de participación, es necesario fortalecerlos y
que la ciudadanía los haga propios, fortalecer la motivación de participación de
los diferentes actores del territorio, pero además, de que las personas que
tienen la intención de gobernar tanto a nivel nacional o local cambien sus
paradigmas impositivos, de interés de un color político, den mayor valor a los
recursos del territorio, erradiquen el asistencialismo y promuevan una
ciudadanía, activa, comprometida, propositiva que sea partícipe de la
construcción de su propio habitar.
Referencias
Gobierno local Montes de Oca, 2020. Informe de
rendición de cuentas. San José, Costa Rica.
Legislación nacional: Constitución
Política de la República de Costa Rica. (1948). Costa
Rica.
Presidencia de la República, (2018). Rendición
de cuentas, tomado de
https://www.presidencia.go.cr/comunicados/tag/rendicion-de-cuentas/
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